En Libro interdicto, borro digitalmente los poemas y todo rastro de la autoría de Maples Arce, salvo su aparición fantasmal producto de la acidez de la estampa del retrato hecho por Leopoldo Méndez. Haciendo visible el paso del tiempo y las marcas de los obreros (sus nombres, las indicaciones de los pliegos), desatando elucubraciones sobre la materialidad y la autoría del libro como objeto cultural.